Controles de documentación y detenciones masivas en Lavapiés

| publicado 11 de agosto de 2007 |

Plaza Lavapiés, jueves por la tarde. Son las 19h, las calles están llenas de vecinos saliendo del trabajo, volviendo de la compra o paseando en una tarde calorosa. Sólo falta un día para que llegue el fin de semana y, con él, el descanso. En la calle Argumosa, están montando los puestos para las fiestas del barrio. Al poco tiempo, empiezan a llegar coches y furgonetas de policía que ocupan toda la parte superior de la plaza. Y, sin saber muy bien de dónde salen y cómo se multiplican, policías de uniforme, pero, sobre todo, secretas (policías vestidos de civiles) acaban controlando todo el tránsito de la plaza. Piden papeles, y más papeles; lo único que les interesa son los papeles, quienes los tienen y quienes no. Esto es lo que definirá quien acabara detenido y quien podrá seguir su camino, volver a casa con la compra o llegar a su cita con solo un poco de retraso.

Los policías secretas se mueven y se dispersan, suben calles y, más rápidos que cualquier aviso posible de lo que está pasando, siguen pidiendo papeles en las inmediaciones de la plaza y deteniendo a los (muchos) que no tienen nada que sacar del bolsillo. El grupo de personas detenidas se hace cada vez más grande, no para de crecer, y éste es el objetivo claro de la operación. Además de furgonetas y coches, hay un autocar blanco, sin ningún distintivo que permita identificarlo como vehículo de la policía, más cómodo para detenciones masivas que las furgonetas de policía porque tiene tres o cuatro bancos donde cabe bastante gente. Cada vez que el autocar o alguno de los coches o furgonetas policiales se llena, sale, llevándose a la gente detenida en su interior, pero deja atrás el resto del dispositivo, que no se va. Los policías secretas continúan con su labor de rastreo de las calles contiguas, desaparecen y, al cabo de un rato, reaparecen con una o dos personas detenidas.

Todo está muy bien organizado, toda va muy rápido, es un plan bien pensado. Los vehículos regresan y los policías encargados de vigilar a los detenidos vuelven a llenarlos, asegurándose que los detenidos que aún no caben en los coches se mantienen alineados contra la pared del fondo de la plaza.

¿Cúantas personas fueron detenidas e introducidas en aquellos vehículos ese jueves de agosto? Difícil de contestar, pero seguramente unas cincuenta personas. ¿Dónde se las llevaron? ¿Qué pasó con ellas? ¿Volverán a Lavapiés? Esperemos que sí. Si no, tendremos que pensar cómo hacer para que vuelvan y que nunca más se las pueda detener por el simple hecho de no tener papeles.

Crónicas desde Lavapiés.