Aquí me quedo

Racismo institucional, violencia de género, resistencia a las fronteras

| publicado 15 de noviembre de 2007 |

A primeros de Octubre, M. R. acudió a una comisaria para denunciar el maltrato que sufría por parte de su ex pareja. La policía la trató correctamente. Al día siguiente, su situación había empeorado: en un robo en su domicilio, le habían quitado todo el dinero ahorrado tras tres años de trabajo de doméstica interna en un chalet de la periferia madrileña. Con los planes truncados, volvió a acudir a la comisaria. Pero esta vez el trato fue totalmente distinto, ya no era una mujer que merecía protección, sino una inmigrante "clandestina": "¡¿Cómo te atreves a venir a denunciar siendo una irregular?!" -le espetó un policía. Para su sorpresa, M. R. se vio detenida. Poco después, la enviaban al Centro de Internamiento de Aluche y le abrían un expediente de expulsión, ignorando que, con tres años ya en el país, tenía derecho a pedir la regularización por arraigo.

M. R. ingresó en el CIE con la determinación de no dejarse deportar. No tanto por deseo de quedarse en un país que la trataba como un animal, sino porque: "no podía volver a casa con las manos vacías, después de tres años habiéndome dejado la piel aquí. ¿Por qué me tratan como una delincuente? ¿Por qué el policía no me ve como alguien que tiene corazón como él, piel como él, huesos como él? Yo no hice ningún mal". Lo que le permitía al policía no ver a M.R. como él es el racismo: esa estructura perceptiva que animaliza al otro y constituye la base de la política de fronteras europea.

El lunes la llevaron, junto con otras personas, hasta el aeropuerto. Ella se negó a subir al avión: "así me maten". Y, por algún motivo, en esta ocasión, y gracias a su abogada de oficio (y no al abogado particular, Eduardo Blanco, a quien pagó 600 euros y ni le fue a visitar una vez al CIE), el juez le dio la razón: en el último momento, su orden de expulsión se paró.

Ahora M. R. está de vuelta en su casa, con el horror vivido en el CIE grabado en la retina y en la piel, decidida a hacer algo por las mujeres que conoció dentro y que rápidamente hizo sus compañeras. El pasado miércoles 14 de noviembre compartió parte de lo vivido, pensado y rabiado por las ondas y nos ayudó a charlar con sus compañeras aún encerradas: escúchalo pinchando aquí o desde la página web del programa SinFronteras.