Manifestación sábado 1 de abril de 2006 - Madrid
| publicado 1ro de abril de 2006 |
CONTRA LOS CENTROS DE INTERNAMIENTO PARA EXTRANJEROS POR LA LIBERTAD DE MOVIMIENTO
Los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) son cárceles encubiertas en las que se detiene a personas cuyo único delito es no tener todavía un permiso de residencia. Su detención de hasta 40 días es el resultado de una falta administrativa que al resto de ciudadan@s nos cuesta, como mucho, una simple multa. O peor que cárceles, porque su reglamento es mucho más ambiguo, deja muchas más cuestiones a la discrecionalidad del director o el personal y, por lo tanto, mucho más expuestos y vulnerables a quienes son internados allí. No es casual que las visitas a los centros de internamiento son mucho más complicadas que a una cárcel cualquiera.
La mayoría de los inmigrantes que salen de Centros de internamiento lo hacen con una orden de expulsión en la mano que, en la mayoría de los casos, nunca llegará a ejecutarse, pero que deja a estos inmigrantes en una situación de indefensión total: sin posibilidad de acceder a un permiso de residencia y trabajo, están abocados a la clandestinidad, a los trabajos peor pagados y en condiciones más duras, a las viviendas del submercado inmobiliario, a la exposición al chantaje. Es decir: a la precariedad y a la incertidumbre permanente. Así, en un supuesto estado de derecho cada vez son más los que no tienen ni siquiera reconocido el derecho a la existencia en esta ciudad.
La construcción de estos centros responde a la política migratoria europea que apuesta todo al control selectivo y a la militarización y nada a la baza social, que provoca muertes y un clima generalizado de crispación social. En ningún momento se reconoce, por lo tanto, que la inmigración está causada por las desigualdades Norte-Sur producidas por el sistema económico mundial que favorece la libre circulación de capitales, la deslocalización de empresas y el libre comercio de mercancías; pero que penaliza la libertad de movimiento de las personas que, más allá de su nacionalidad, buscan un futuro mejor.
Contra estas políticas migratorias y contra los Centros de Internamiento como uno de sus símbolos más extremos en nuestras ciudades, la caravana europea por la libertad de movimiento convoca una manifestación:
Por la libertad de movimiento y contra los centros de internamiento para extranjeros
No más cárceles en Carabanchel: por un uso social de los terrenos en los que está actualmente el CIE
Manifiesto
El pasado noviembre, 400 personas de distintos puntos de la geografía europea marchamos hasta la frontera sur de Europa para gritar nuestra repulsa a los crímenes allí cometidos entre septiembre y octubre. Dijimos: estas fronteras no son nuestras. Quienes las refuerzan, quienes disparan para defenderlas, quienes deportan al desierto en nombre de su seguridad, no nos representan. Nos llamaron irresponsables. Reforzaron la valla, convirtiéndola en un dispositivo homicida, aumentaron las partidas económicas para que el gobierno marroquí intensificara el control selectivo de los movimientos de personas, firmaron acuerdos bilaterales con varios gobiernos africanos para que aceptaran deportaciones a cambio de dinero. Ahora, la tragedia de Ceuta y Melilla se repite entre Mauritania y las islas Canarias. Y nosotros nos preguntamos ¿quiénes son los irresponsables? Como decía un inmigrante en tránsito senegalés: «el tema es no tratarnos nunca como iguales y seguir abriendo la brecha de la distancia entre Europa y África». ¿A quién beneficia esa brecha? Sabemos que a nosotros no.
De aquella caravana de noviembre contra la valla de la muerte volvimos con la frontera en la retina. Sabemos mejor que nunca que la frontera no es un muro, sino un dique, con su complejo sistema de esclusas, que no impide el paso, sino sencillamente determina quién pasa, a qué precio, con qué derechos y a cambio de qué. Sabemos, también, que la frontera no es sólo la línea limítrofe que separa un país de otro, sino un dispositivo de control selectivo de la movilidad de las personas, que no de los capitales. En nuestras ciudades, también hay fronteras: hay frontera cuando, al salir del metro de Lavapiés, a Fatima le piden los papeles y a Lola no. Hay frontera cuando a Tafsir se le deporta para reunirle con una familia que le maltrataba y a Jose no. Hay frontera cuando a Doina le deniegan el permiso de trabajo y eso sirve para que el empresario que la contrata le pague la mitad de lo que pagaría a Mari Luz.
Los Centros de Internamiento para Extranjeros son otro símbolo de la institución frontera en nuestras ciudades. Nada ejemplifica mejor que estos centros la arbitrariedad y la denegación de derechos que la frontera supone. En los CIE’s se recluye por un plazo de hasta 40 días a personas cuyo único delito es existir y querer habitar, trabajar y convivir en un lugar en el que no nacieron. Los vecinos de Aluche y Carabanchel pedían un hospital en estos terrenos. Y se encuentran con un espacio de reclusión aún peor que una cárcel. Por eso sentimos nuevamente la necesidad de venir hasta aquí para decir basta. No somos los únicos: en otras ciudades europeas también marchan hoy contra los Centros de Internamiento. Porque esta frontera que son los CIE’s tampoco nos representa. Porque no queremos la violencia que genera, las vidas que rompe. Porque estamos convencidos que el único marco en el que es posible pensar lo común en este mundo continuamente redefinido por los flujos migratorios, económicos e informativos es aquél en el que cualquiera pueda definirse como ciudadano del mundo, esté donde esté.
Por la libertad de movimiento
Por un uso social para los terrenos en los que se ha construido el CIE de Carabanchel